La mujer cristiana en la familia y en la Iglesia

La mujer cristiana en la familia y en la Iglesia

 “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas” Proverbios 31:10

 

1 – El lugar de la mujer cristiana en la familia y en la Iglesia:

Las mujeres piadosas tienen un gran cometido en la obra del Señor, y aunque hay límites y particularidades en su servicio, no por eso debe ser subestimado. La Biblia lo presenta de manera muy honorable.

Hay dos escollos que evitar cuando evocamos la misión de la mujer cristiana:

  • Decir que ella puede hacer todo como el hombre (idea que se ha desarrollado en la sociedad occidental durante el siglo 20).
  • Decir que ella nada o casi nada puede hacer (siendo considerada como un ser «inferior» en algunas sociedades).

1.1 – La mujer cristiana en la familia:

La mujer tiene un cometido particular y esencial en el hogar cristiano, en la familia. Esta papel es descrito en Tito 2:4-5, donde las mujeres jóvenes son llamadas a “amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”.

Primero está la relación fundamental del marido y la mujer, después el lazo con los hijos. Ella puede ser solo esposa (cuando no tiene hijo), o bien esposa y madre, o solo madre. Un hogar es un hogar cristiano según Dios cuando reina la piedad.

1.2 – Con respecto a su esposo:

Dios da una esposa al marido, es decir una «ayuda idónea para él» (Génesis 2:18). Es también una sola carne con él (Efesios 5:31), y debe sujetarse a la autoridad de su marido.

A su lado, es su equivalente ante Dios, pero protegida por él, y apegada a su corazón para ser amada (Génesis 2); su marido no debe agobiarla.

Su verdadero lugar está expuesto en Efesios 5:22-24: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;  porque el marido es cabeza (o jefe) de la mujer, así como Cristo es cabeza (o jefe) de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo”.

Se le dice al marido de amar a su mujer como su propio cuerpo “así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25, 28).

Las esposas están exhortadas a sujetarse a su marido como al Señor, porque el marido es el jefe de la mujer, como Cristo es el jefe de la Iglesia (jefe, o cabeza, quiere decir: que conduce, es responsable, y no que reina y agobia). El marido vigila en amar a su mujer y la mujer está exhortada a sujetarse; ella acepta pues las decisiones de su marido, pero ella le ayuda para tomar esas decisiones, y lo respeta. Todo esto es el reflejo de la relación de Cristo con su Iglesia.

Hoy la sujeción de la mujer hacia su marido es una noción impopular y rechazada en el mundo. Pero el orden de Dios siempre es el mismo: que las esposas sean sujetas a sus maridos, él es el jefe de la casa (es decir, el responsable), teniendo como resultado gozo y verdadera bendición en la vida del hogar. Si, por el contrario, una esposa toma la dirección del hogar, suplantando a su marido, esto solo dará frutos amargos, con hijos pocos sumisos y educados en el desorden.

1.3 – Con respecto a sus hijos:

Su cargo es también de cuidar a sus hijos y de cumplir con las labores ordinarias de la vida. La casa (el hogar) debe ser un abrigo en este confuso mundo que “está bajo el maligno” (1 Juan 5:19).

La educación de los hijos es uno de los más preciados servicios, la responsabilidad recae sobre el padre y la madre. Como pasa más tiempo con ellos que el padre que trabaja fuera, la madre ejerce una gran influencia sobre ellos, en bien o en mal.

La influencia de una madre es el instrumento que Dios se place en utilizar para poner las bases de una educación cristiana. La instrucción de los hijos tendrá un impacto sobre ellos durante toda su vida. Es la labor capital en el hogar, que en ningún caso hay que descuidar.

Como ejemplos bíblicos, notamos la frecuente mención de la madre en relación con los diversos reyes de Israel en 1 y 2 Reyes, y 1 y 2 Crónicas, o también el papel esencial de la madre en la enseñanza espiritual de Timoteo (1 Timoteo 1:5).

1.4 – La responsabilidad del hogar:

En 1 Timoteo 5:14, administrar y mantener el orden en la casa (“gobernar su casa”) es el trabajo particular de la esposa, pero de acuerdo con su marido que es responsable porque él es el jefe. Es el pensamiento de Dios.

El servicio de la esposa, incluso si ella tiene la obligación de trabajar fuera del hogar, es primero y ante todo en la esfera del hogar cristiano.

Una esposa sabia, que cuida de su familia con discernimiento, que administra su presupuesto con economía, que enriquece su hogar de amor y de gozo, es una bendición muy grande para su marido y sus hijos, y para todos aquellos que entran en este hogar.

Por ejemplo, ejercer la hospitalidad (feliz actividad cristiana), es hecha posible gracias a la esposa. Entonces hay un hogar abierto a los ministros de Dios, a los creyentes, a los incrédulos que pueden entonces oír el evangelio. Ver, entre otros, el ejemplo de Priscila y Aquila en Hechos 18:26.

1.5 – Resumen:

El círculo del hogar es la esfera particular donde la esposa servirá a Dios y lo glorificará. Que ella no desprecie ni abandone ese servicio; ella es el centro y el corazón de la casa.

La mujer cristiana soltera, o la viuda, también pueden ser una ayuda en el servicio cristiano, o en las cosas temporales: ocuparse de niños, de mayores de edad, de enfermos, y también difundir, guardando su lugar, el evangelio a su alrededor.

El ejemplo de Dorcas en Hechos 9:36-43 es notable, como también la descripción de las actividades de una mujer piadosa en 1 Timoteo 5:10 : “que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos; si ha practicado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena obra”.

Con Amor, Lic. Conny Reyes

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