Familias fuertes a través de sus pactos.

Familias fuertes a través de sus pactos.

FAMILIAS FUERTES POR LOS PACTOS DE DIOS

Los Pactos de Dios

Cada familia enfrenta grandes retos para formarse, sostenerse, crecer, desarrollarse, madurar y dar los frutos que le permitan trascender.

La familia se forja sobre la base de relaciones interpersonales y no hay algo más desafiante para el ser humano que las relaciones.

Aunque vivir en familia es lo más natural para todos, los enemigos y ataques a la familia son constantes.

Es importante, saber que Dios además de crear a la familia, se ha dispuesto para acompañarla y ayudarla muy de cerca, mediante una apropiada relación de pacto.

Nuestro Dios es un Dios de pactos, un Dios eternamente relacional y fiel, dispuesto a bendecir nuestras relaciones.

De hecho Él gobierna sus relaciones preferentemente a través de promesas solemnes e irrevocables a las que llamamos pactos. De tal forma que lo que dice es ley, lo que manda se hace y lo que promete se cumple.

Dios es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, revelando su fidelidad en el pacto a través de las generaciones.

1.- La bendición del pacto.

Todo pacto incluye una o más bendiciones, expresadas de diferentes maneras. En los pactos que Dios hizo con algunas familias de la antigüedad estableció bendiciones, que también son para nosotros hoy. Por ejemplo:

1.a.-En el pacto con Adán y su familia, el pacto de creación fuimos representados por la primera familia humana, y en ella, Dios nos entregó una poderosa bendición (que incluye tarea y función) para

la humanidad diciendo: “fructifiquen, multiplíquense, llenen la tierra y gobiérnenla” (Génesis 1:28)

1.b.-En el pacto con Noé y su familia, el pacto de renovación de la vida, donde fuimos representados por la única familia sobreviviente, Dios nos entregó una grandiosa bendición de protección y cuidado, para todo ser viviente. (Génesis 9:9) Además de ratificarle la bendición de Adán de forma detallada (9:1)

1.c.-En el pacto con Abraham y su familia, el pacto de la bendición y prosperidad por la fe, todas las familias de la tierra fuimos bendecidas con esperanza (Génesis 12:1-3)

1.d.- En el pacto con Moisés y su gran familia-el pueblo de Israel, pacto de liberación y comisión (Éxodo 19:4-6) Dios nos bendijo declarando que seríamos su pueblo especial, reyes y sacerdotes para él. Promesa que incluye la tarea de mediar y representar el amor de su presencia, su reino y su propósito para la humanidad. Confirmado para nosotros en 1Pedro 2:9 y Apocalipsis 1:6.

Después de los grandiosos pactos con las familias de Adán, Noé, Abraham y Moisés, se anuncia el gran y último pacto de Dios:

1.e.- En el Nuevo Pacto en Cristo y con la Iglesia, pacto de salvación eterna (Mateo 26:28) vida abundante y prosperidad integral (Juan 10:10 y 3Juan v.2). Con este pacto se acumula la bendición de todos los anteriores y se añade todo lo que los otros no podían ofrecer.

La bendición de Adán, Noé, Abraham y Moisés/Israel han expresado bien el deseo de amor de Dios por la humanidad, pero es en Cristo que el amor de Dios tiene pleno cumplimiento.

El Nuevo Pacto es mediado por nuestro Señor Jesucristo y establecido en su sangre. Ser participante de este pacto es un regalo que Dios da a quienes creen en Jesucristo. El Espíritu de Dios,

sella el pacto escribiendo su ley en el corazón de las personas; haciendo efectivas sus promesas de bendición por la fe para aquellos que creen en Él (Juan 1:12)

Dinámica: ¿Pudiera enumerar 2 ó 3 necesidades o retos notorios en su familia?

Pueden ser cosas que a usted no le agradan, le molestan o le avergüenzan de su familia.

¿Cuáles de ellas han evolucionado de un simple conflicto a toda una crisis o incluso han llegado a convertirse en un caos?

¿Cómo pudiera Dios ayudar en esos casos?

Conozcamos un poco mejor el Nuevo Pacto y sus soluciones a nuestras necesidades familiares.

  • Algunas características del Nuevo Pacto son, que es nuevo y mejor en sacrificio, promesa y sacerdocio.

Es un pacto definitivo, el último que Dios hará con la humanidad.

En este pacto se establece la forma en la que Dios desea relacionarse con nosotros,

Incluye la ley escrita en nuestro corazón, por el Espíritu Santo que ahora puede vivir en nosotros.

El Nuevo Pacto es garantía de transformación no de condenación.

Nos cambia de manera permanente y no solo de forma. Transforma nuestra naturaleza. Nuestra mente entra en renovación, nuestra alma en sanidad, nuestro espíritu comienza a recrearse a imagen del redentor y nuestras obras hacen notorio el cambio.

Reflexionemos, ¿Será que nos conviene participar en este pacto?

La Biblia registra muchos otros pactos, personales y grupales que nos ilustran respecto a cómo funcionan los pactos entre los hombres, por ejemplo: Josué con los Gabaonitas Josué 9:1-27 y 2Samuel 21; y el de Sedequías con Nabucodonosor (Jeremías 39:16 al 18 y Ezequiel 17:11-21) entre otros.

2.- ¿Cómo pactamos entre personas?

Los pactos humanos hacen posible convenir, contratar, prometer, acordar, asociarnos y aliarnos, lo cual es una capacidad reflejo de la imagen de Dios en nosotros. Dios como el que faculta, espera que, en nuestros tratos, nuestro si sea si y nuestro no sea no, de no ser así, seguramente caeremos en pretensiones, simulaciones, engaños, mentiras e hipocresías que lastimarán nuestras relaciones (Santiago 5:12 y Mateo 5: 33-37; Salmos 15:1,4).

  • ¿Por qué nuestros pactos se han vuelto endebles?

En nuestros días se ha diluido lo solemne, irrevocable, sagrado y permanente de la naturaleza del pacto, cambiándola por la conveniencia, utilitarismo y explotación; así como la falta de fe para creer que Dios puede ayudarnos a sostenernos para cumplir nuestra palabra. Que importante es que nuestros tratos se den en la sabiduría y voluntad de Dios.

Hemos preferido hablar de formas menos estrictas como contrato, promesa, vale, voto, etc. para no comprometernos más de la cuenta; nos gusta la idea de mantener el control de los tratos; poder cancelarlos a nuestra conveniencia y preferencia, sin rendir mayores cuentas a nadie.

Dejamos atrás la integridad, nuestros principios y el temor de Dios, tendemos a ser irresponsables y recurrimos al engaño en nuestras negociaciones. Hasta deseamos que Dios mismo haga nuestra voluntad y se sujete a nuestros caprichos.

Definitivamente tenemos mucho por recuperar de la naturaleza del pacto para mejorar nuestras relaciones, pero ¿Por dónde podremos comenzar? Creo que entendiendo que ser hijos de Dios es lo más importante como la base de todas nuestras relaciones.

3.- Las bendiciones del Nuevo Pacto

Unirse al Nuevo Pacto de Dios tiene muchos y esperanzadores beneficios, que bendecirán cada relación interpersonal que tengamos y cada trato que hagamos.

3.a. – Ser hijos de Dios.

  • Nos trae fortaleza personal.

Jesús como el hijo de Dios nos abre, y demuestra el camino al Padre.

Nos enseña como entrar en una relación íntima y personal con Él, no solo en calidad de amigos, sino de hijos.

Nos enseña a orar al Padre con esa confianza de llamarle “Padre”

Jesús, insiste en referirse a Dios no solo como su padre sino también Como nuestro padre.

Jesús muestra con su sacrificio, el gran amor del Padre para con todos nosotros.

En Jesús, nuestra condición como hijos

de Dios es permanente, dura para toda la vida.

Ahora bien, ser hijos de Dios es el propósito de la redención y del perdón de pecados por el sacrificio de Cristo y la condición para recibir los grandes beneficios de formar parte de la Familia de Dios.

Es el inicio de una vida nueva, engendrada por Dios para nuevos propósitos.

La bendición de un trato paternal tierno en el que Dios nos llama” hijitos” y nosotros podemos llamarle Abba Padre (Papito)

Ser hijos es identidad que define, quienes somos, de dónde venimos, a quien nos parecemos, etc.

Es una relación filial que se reflejará en el resto de las relaciones (amistades, matrimonio, ministerios y negocios).

Ser hijo no es simplemente un rol o título, privilegio o función.

Se nace hijo(a)

  • Nos convertimos en hijos de Dios mediante el nuevo nacimiento marca indeleble que nos une de manera permanente al Padre.

Ahora representamos un nuevo linaje (apellido) además del terrenal.

Por eso, el deseo y obra del diablo es meternos duda respecto a quienes somos en Él. “Si eres hijo de Dios” (Mateo 4: 3-11). Así tentó a Jesús, apelando a los apetitos del cuerpo, los del alma y los del Espíritu, los cuales son realmente suplidos en la relación filial como hijos de Dios.

El diablo sabe que, si Dios nuestro padre es lejano e inalcanzable, entonces somos huérfanos (irredentos)

  • Pero estando en el pacto uno se comporta, como hijo/ heredero:

-Siente constantemente la presencia y el respaldo de su Padre.

-Asume que su padre le envía y por lo tanto que está bien respaldado.

-Se enfoca en las necesidades de otros en un mundo gobernado por un Dios benévolo.

-Da de gustosamente a otros de la abundancia de su herencia como hijo

-Experimenta el acompañamiento divino y su amor inagotable.

– Vive para complacer a su Padre

– Responde con alegría a la voz de su Padre Celestial

– Sabe que él puede ir al Padre – vive en libertad-

– Experimenta el cuidado, apoyo y compañerismo del Padre.

– Ama a otros incondicionalmente, en respuesta a la seguridad del amor abundante de su Padre.

3.b.- Ya no somos huérfanos espirituales.

Nos hace fuertes.

La orfandad espiritual hace que estemos alejados de Dios y nos aleja del padre terrenal. Ambas relaciones se interceptan.

El desconocimiento de Dios vicia la debida relación de amor, confianza, intimidad, respeto y acatamiento de la autoridad que debemos tener para con nuestros padres terrenales.

  • ¿Por qué fácilmente nos sentimos lejos de Dios?

La paternidad irresponsable es el vicio generalizado de las sociedades de consumo y las leyes de beneficencia la afirman sin necesidad de figura paterna.

Una cultura sin paternidad no puede ser una cultura de pacto.

Hay una crisis de paternidad en la sociedad de hoy como nunca.

Alguien ha dicho que esta es una generación de huérfanos.

El quebranto familiar de nuestros tiempos ha provocado una profunda soledad y vacío de padres en los hijos.

Por eso, Dios ha previsto que al final de los tiempos El hará volver el corazón de los padres para con los hijos y el de los hijos para con los padres (Malaquías 4:6 a).

La religión tradicional no le da la honra debida a nuestro Padre Celestial al levantar adoración a mujeres y estableciendo así un matriarcado espiritual.

La relación entre el padre terrenal con sus hijos es de suma importancia de tal manera que es un reflejo de lo que podemos vivir en nuestra relación con nuestro Padre Celestial. De allí que si experimentamos lejanía, descuido, frialdad, dureza de nuestro papá será duro y difícil poder experimentar el amor de Dios porque estaremos predispuestas constantemente y cuestionando realmente si Dios nos ama o no. Pero por el contrario si fue cálida, cercana, de amor y cuidado entonces será la relación con Dios más cercana, más confiada y compartiremos ese amor con los demás.

Se ha desprestigiado la figura paterna de Dios, porque es respaldada por la conducta distante, ausente e irresponsable de nuestros padres terrenales comúnmente machistas.

El propósito sutil de satanás ha sido alejarnos de nuestro Padre Celestial para que ignoremos su pacto de amor, por medio del cual Dios establece y regula su relación para con cada uno de nosotros.

Nuestra orfandad y dañada identidad nos sume en competencias, luchas y guerras por ser alguien por encima de los demás.

Pero la nueva relación con Cristo es el pacto de relación, justicia y libertad que rompe la orfandad, la distancia, la frialdad y la condenación de estar lejos de su presencia.

No hay mayor privilegio para el ser humano que volver a la casa del padre y ser llamados hijos de Dios.

Se trata de que no vivamos más como huérfanos, con inseguridades controlados por esos sentimientos y comportamientos. De hecho, nuestro cónyuge, puede más fácilmente apreciar las actitudes de huérfano que manifestamos bajo presión, pero si le damos permiso, puede ser el mayor instrumento del Espíritu Santo y nuestro mejor aliado para crecer en Cristo.

  • Cuando uno se siente como un huérfano, se comporta como huérfano:

-Se siente fundamentalmente solo en el mundo, incomprendido y vulnerable

-Asume que él necesita hacer todo por su cuenta y a su modo.

-Se enfoca en satisfacer sus propias necesidades en un mundo hostil.

-Toma cuanto puede conseguir asumiendo un mundo de escasez en que se encuentra.

-Experimenta el abandono, y una necesidad inagotable del amor y reafirmación.

– Vive para sí mismo

-Reacciona en angustia a las mentiras del «Malvado padrastro»

– Sabe que él tiene la última instancia y a nadie puede ir – vive a la defensiva.

– Se siente sin apoyo, sustento, cuidado y compañerismo.

– Ama a otros condicionalmente, con la esperanza que sus esfuerzos satisfagan sus propias necesidades.

4.- El Pacto con tu cónyuge.

Es tu fortaleza matrimonial

El pacto matrimonial no es sólo entre nosotros como cónyuges, sino entre la pareja y Dios mismo a quien nos debemos como matrimonio para rendirle cuentas claras y su bendición nos acompañe.

Nosotros y Dios tenemos muchas e importantes expectativas del matrimonio. El matrimonio mismo demanda entrega, satisfacción, procreación, santificación y legado.

Nuestros hijos, nuestros familiares y la sociedad misma tienen sus expectativas de nuestro matrimonio.

Todas las expectativas imponen reto y carga a cada matrimonio.

¿Cómo recuperamos el sentido de pacto de nuestro matrimonio: lo sagrado, lo valioso, ¿lo permanente e indisoluble y lo trascendente del mismo?

Recordando que:

El matrimonio es un estado de santo y a veces doloroso aprendizaje.

Todos llegamos con lo que tenemos al matrimonio.

Llegamos con victorias y con muchos vacíos de nuestra familia de origen.

Llegamos con lo que nos fue legado de valores, actitudes y comportamientos.

Llegamos como herederos de muchas tradiciones de nuestro linaje, formas de ser y hacer las cosas que consideramos inmejorables o que no cederemos con facilidad.

Abordamos la jornada de matrimonio con diversas necesidades personales que deseamos satisfacer.

Necesidades físicas, emocionales y espirituales para ser mejores.

En este sentido normalmente llegamos al matrimonio deseando recibir y devengar, no tanto enfocados en lo que daremos, el precio que pagaremos y las expectativas de Dios que cumpliremos.

  • ¿Cómo le damos valor a nuestra relación matrimonial?

Reconociendo que:

1.- La familia es fuerte cuando el matrimonio se hace fuerte.

2.- El matrimonio es una bendición para mi. Y el fundamento de nuestro hogar.

3.- Nuestra relación como padres es el marco para el desarrollo relacional saludable de nuestros hijos.

Comprometiéndose a que:

1.- Jamás consideraremos el divorcio como opción.

2.- Confiar que Dios siempre tiene soluciones, aunque no parezca.

3.- Cada problema sirva para que continuemos creciendo.

4.- Dios quiere usar a nuestro cónyuge para mostrarnos en amor, nuestros puntos ciegos, donde nos urge mejorar.

5.- El uno ayudará al otro a fortalecerse para sobreponerse a su orfandad.

6.- Celebraremos y afirmaremos constantemente nuestro amor. No le apostamos a lo que digan las estrellas, sino nuestro Dios.

7.- Honraremos el compromiso de nuestro amor hablando bien el uno del otro siempre. No picaremos cebolla.

8.- Bajo estrés buscaremos formas creativas y nobles de responder. No atizaremos los malos fuegos.

9.- Buscaremos ayuda apropiada cuando nos atoremos. No promoveremos intervencionismo de nuestra familia ni de charlatanes.

10.- No tratar siempre de defender o justificar nuestras acciones o trasladar culpas. Hay tiempo de escuchar,

11.- Buscar sanar las heridas y expulsar los temores escondidos.

5.- El pacto con tu familia.

Es tu fortaleza familiar.

La familia funciona dentro de un pacto en el cual se dan relaciones tan profundas y trascendentes que le debemos mayor importancia.

  • ¿Cómo honrar el sentido de pacto en nuestra familia?

En nuestra familia es importante modelar y enseñar a nuestros hijos a cumplir su palabra, no engañando a nadie.

Que nuestro hogar sea el lugar más seguro para ser persona, expresando nuestras emociones, nuestras ideas y anhelos.

Que nuestro hogar sea el mejor espacio de aceptación, afirmación personal y sexual.

Que nuestro hogar sea la escuela para la vida que Dios planeó.

Que nuestro hogar sea el mejor lugar para pactar la confianza, el apoyo y la honestidad mutua.

Que nuestros hijos puedan sentir la seguridad que provee el hogar porque Como padres somos responsables proveyendo lo material y la protección.

Que la principios y valores se establezcan en el carácter de cada miembro de la familia.

Que podamos hacer de la integridad nuestro estilo de vida, contrarrestando las incesantes ofertas de corrupción.

Otros que usted considera importantes y con los cuales desea comprometerse…

6.- El Pacto con tu Iglesias.

Es tu fortaleza corporativa.

Este último pacto se establece cuando nos bautizamos y somos recibidos como miembros en nuestra congregación o Iglesia local.

Al comprometernos con Cristo, nos comprometemos con el cuerpo de Cristo.

Es un compromiso profundo y muy importante para nuestro desarrollo.

No hay manera de que podamos ser cristianos de manera privada o a la secreta.

No hay manera de crecer a la imagen de Cristo, sin el cuerpo de Cristo.

No es posible madurar en nuestra vida cristiana sin el roce e interacción en el cuerpo.

  • ¿Cómo honramos este pacto?

Con nuestra asistencia, no dejando de congregarnos.

Con nuestras aportaciones, diezmos y ofrendas.

Con nuestro servicio, expresando nuestros dones y talentos.

Con nuestra actitud de aprendizaje y sujeción a los líderes.

Con nuestro apoyo a los cristianos más nuevos.

CONCLUSIÓN

Innegablemente nuestra vida se desarrolla a través de relaciones de pacto y conviene que las entendamos en su naturaleza, sus alcances y sus requerimientos para que podamos poner y obtener lo mejor.

Siempre seremos más fuertes honrando el valor de muestras relaciones de vida empezando por nuestra relación con Dios, matrimonio, familia, iglesia y sociedad.

La madurez de la familia irá en aumento porque aprenderá a ser responsable cada vez más.

Los integrantes de una familia necesitan aumentar su compromiso entre ellos mismos si quieren disfrutar del apoyo, compañía, paz y armonía de un hogar.

Como padres de familia necesitamos enseñar a nuestros hijos la importancia de ser hombres y mujeres de palabra.

Nuestro Dios que es un Dios de Pactos está dispuesto a entablar una relación cada vez más seria con aquellos que se dispongan voluntariamente a convenir con él, a pactar con él.

Yoli de Menéndez

Directora del Ministerio de la Mujer Región México-Cuba

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