La mujer también edifica: El valor de la mujer en la Iglesia

La mujer también edifica: El valor de la mujer en la Iglesia

Mucho se ha escrito y hablado acerca de la posición de la mujer en la Iglesia a lo largo de los siglos. Constantemente se están haciendo aproximaciones sobre los derechos de igualdad de funciones eclesiásticas o administrativas al interior de las distintas denominaciones, y al parecer en el último tiempo éste fervor sigue aumentando empujado por el sin número de mujeres líderes en posiciones de liderazgo mundial.

Por lo mismo, la iglesia ha de tener una postura clara y determinante frente a este tema. En un mundo marcado por las ambigüedades no es bueno que sigamos manteniendo una hermenéutica relativa y frágil frente a temas tan importantes, menos en nuestros círculos cristianos en donde declaramos la igualdad en Cristo, el sacerdocio universal del creyente, y el obrar del Espíritu con sus dones y ministerios. Todo con la finalidad de ser copartícipes de la extensión y el avance del Reino de Jesucristo aquí en la tierra.

ENFOQUE BÍBLICO

Para poder desarrollar ésta temática, se hace necesario dar una mirada a algunos pasajes claves que darán el punto de arranque de esta reflexión.

  1. Teología Paulina.
  2. Teología de Jesús en referencia al género femenino.

Gran parte de la cosmovisión en contra del ministerio de la mujer se avala erróneamente en algunos pasajes de Pablo, como por ejemplo, 1Corintios 11: 1-16; 1Corintios 14:34.35; 1Timoteo 2:12.  Primeramente, hay que señalar que estos pasajes obedecen a consejos específicos en el contexto de situaciones culturales que Pablo, como mentor de aquellas congregaciones, debía orientar.  Margarita Muñiz expresa que cuando se aborda cualquier discusión en torno al rol y participación de la mujer en la Iglesia, suele olvidarse un tema importantísimo para la comprensión cabal del pensamiento bíblico neotestamentario: que no se produjo ajeno al entorno de los escritores inspirados, sino que aquellos estaban envueltos en el contexto social y cultural de su época y de su nación (1).

Se dice que en las Cartas de Pablo encontramos principios doctrinales, como también circunstanciales.  Los doctrinales se refieren a aquellos principios universales acerca de la Fe, la Salvación , la Gracia, etc. Los segundos, que son a los cuales nos referimos en este momento, son los que responden a preguntas y situaciones locales.

Veamos en primer lugar el pasaje de 1Corintios.  En este pasaje se describe el uso del velo en la mujer, y además se le da una lectura machista, subordinando a la mujer en posición frente al varón, como persona creada inferiormente. Es asombroso cómo la interpretación aislada del contexto, en este pasaje, nos hace errar y afirmar puntos arbitrarios en contra de la mujer.

Una lectura rápida nos hace ver los siguientes acentos:

  1. La mujer debe usar velo
  2. No debe profetizar u orar
  3. Fue creada por causa del varón
  4. Solo el hombre posee la imagen de Dios, etc…

Una lectura adecuada nos presentará otro escenario:

Primeramente, hay que ir al contexto. Pablo está dirigiendo sus palabras a la iglesia establecida en Corintos, una ciudad altamente influenciada por la idolatría y la adoración a la diosa Afrodita, diosa de la fertilidad, a quien se le rendía culto mediante orgías y ritos sexuales, en el cual muchas mujeres ejercían la prostitución.  Estas mujeres tenían la costumbre de cortarse el pelo, usar ciertos peinados o simplemente andar con su cabeza descubierta. Para los judíos esto no debía enseñárseles, ya que era costumbre de que las mujeres judías usaban el velo en la cabeza, sin embargo el apóstol está escribiendo a la congregación de gentiles, hombres y mujeres que están experimentando su nueva vida en Cristo. Pablo quiere establecer una distinción entre las mujeres que pertenecen a la iglesia de Corinto y las mujeres paganas que adoraban a Afrodita.   También tiene que ser firme en hablarle a los hombres, porque muchos eran arrastrados a estos ritos cultuales, en donde el varón, como agente pasivo, era objeto de placer por las sacerdotisas y las mujeres que ejercían la prostitución en el templo de Afrodita. El apóstol contundentemente les recalca que ellos son la imagen y la gloria de Dios, una declaración de identidad de lo que ellos son, y no está contradiciendo el principio de Génesis 1:27.

Lo interesante de esto, es que no les está diciendo a las mujeres que no oren o que no profeticen, se da por hecho que lo hacen, solo se aconseja la forma correcta debido a la diferencia que debían marcar en relación al contexto. Se señala el uso del velo entonces, como un distintivo de la mujer cristiana dentro de la comunidad de fe en su contexto cultural.

El segundo texto, que se encuentra en 1Corintios 14: 34.-36, está enmarcado en el orden del culto, hay evidencia de muchos dones y el énfasis de Pablo está en querer establecer un orden a fin de que la iglesia sea edificada a través de y no confundida ni deformada.

Para todos es sabido que en el oriente medio, no solo antiguamente, sino aún en nuestros días, la mujer era vista como inferior al hombre y se le veía como ciudadano de segunda clase. El mensaje de Pablo que afirmaba que en Jesús todos eran iguales (Gálatas 3:28), era revolucionario en este sentido, implicaba una gran noticia para la mujer. Arrington dice que la nueva libertad fue apreciada por las mujeres de Corinto. Pero ellos llevan esta libertad en Cristo a extremos lamentables, al no distinguir entre la libertad espiritual y su estatus social (2).

Por otra parte, explica que el orden no implicaba la injusticia, la humillación, la dureza o la dominación, sino más bien, una distinción en las funciones y responsabilidades (3).

Porter dice que la prohibición que hace a las mujeres podría ser una indicación de que ellas estaban muy activas en ésta área (4).  Sin embargo, no hemos de olvidar que la compostura de la mujer se basaba en la sumisión y no era parte de las buenas costumbres que ellas hablaran en público.  El asunto no pasa entonces por no legitimar la igualdad de las mujeres, según Gálatas 3:28, sino más bien por entender que la igualdad espiritual no anula la distinción de roles y funciones del hombre y la mujer. Espiritualmente, el hombre y la mujer son iguales, pero el orden divino establece el liderazgo del varón como cabeza de la familia.

El tercer texto alude a 1Timoteo 2: 11,12 y se refiere a la carta enviada por Pablo a Timoteo quien dirigía a la iglesia en Efeso. Es importante señalar también el contexto de la ciudad de Efeso, puesto que en ella se encontraba el templo a la diosa Diana, un lugar considerado una de las maravillas del mundo antiguo. Esto producía que en Oriente Medio existiera la creencia de lo femenino como dadora y creadora de la vida.

Además de este elemento, existía en el contexto de la carta, la problemática de los falsos maestros y falsas enseñanzas ( 1Timoteo 1:3; 4:1-4; 6:3-5). Todas estas situaciones se vuelven amenaza para la naciente iglesia y para la sana doctrina, por lo cual Pablo responde con energía, pero no para poner a la mujer en desmedro o para privarla de la la bendición que significaba vivir en Cristo y ser útil en su reino, sino más bien para resguardar a la comunidad de fe de las herejías.

Por lo tanto en líneas generales, en el verso 11 se observa que la mujer debe tener un comportamiento adecuado, el verbo usado aquí para silencio, se traduce como estar en quietud, más que no hablar, con una actitud sumisa para el aprendizaje.  Stanford dice que el vocablo que se traduce aquí silencio, significa que la mujer debe estar quieta, calmada, tranquila. Este vocablo sugiere que había desorden en las reuniones porque algunas mujeres se molestaban y rebatían la enseñanzas de los maestros (5).

En el verso 12, lo más probable es que de acuerdo al contexto, Pablo se esté refiriendo a al contenido de la enseñanza, es decir, que la mujer no debe auto proclamarse como originadora del hombre o creadora, ya que en Asia Menor era parte del pensamiento pagano de que lo femenino era la fuente de la vida, todo esto basado en su adoración a las diosas de aquella época. Piccardo dice que Pablo no está diciendo que la mujer está inhabilitada de enseñar por propia naturaleza y, por lo tanto, hay que pensar este pasaje como una situación particular en Efeso, donde la mujer estaría más susceptible a ser engañada con las falsas doctrinas.

El mensaje inclusivo de Pablo es tan potente, que no podemos dejar de destacar su importante relación con el género femenino en muchas de sus cartas. Él destacó y elogió la labor de muchas como sus colaboradoras al igual que sus compañeros varones.

A continuación haremos mención de esta realidad.

JUNIA: En Romanos 16:7 se encuentra el reconocimiento del Apóstol para Andrógino y Junias. Muchos han querido designar a esta última como nombre masculino, sin embargo hay suficiente evidencia para afirmar lo contrario. Además, si tal fuera el caso, se encontrarían en fuentes extrabíblicas varones con este nombre, cosa que no ocurre. Lo que sí se encuentran son casos de mujeres que llevaban el nombre de Junia (6).  Ella se encontraría en un lugar prominente dentro del círculo de los Apóstoles, o quizás hasta siendo parte de ellos.

FEBE: Pablo describe su participación en el liderazgo y colaboración de la iglesia en Romanos 16:1,2 usando las palabras diakonos y protatis, lo cual resalta su trabajo de servicio y ministerio aplicada a la palabra diakono y también de su posición de autoridad en relación a la palabra protatis, que además de traducirse como ayudador, también se refiere a alguien que preside. No hay ningún argumento lingüístico para hacer distinciones entre Febe y otros ‘ministros’ varones, por lo que los traductores y exégetas que le niegan tal derecho, están imponiendo una interpretación teológica al texto, que por ser más deductiva que inductiva tiene el peligro de alejarse de la verdad (7)

PRISCILA: En Romanos 16: 3, también es destacada su labor y Pablo la menciona como una colaboradora, utilizando la palabra “sunergon” que se traduce como ayudante.  Lo particular de este caso es que el apóstol menciona la palabra sunergon en caso genitivo, lo cual posiciona a Priscila como una ayudante en una posición similar a él.

En éste mismo capítulo Pablo menciona a unas 10 mujeres como parte de su equipo de colaboradores, a parte de otras referencias.

2. Teología de Jesús Referente a la Mujer.

a. La Mujer en la óptica de Juan:

(1)  La Samaritana: Jn. 4.  Este pasaje trata sobre una prostituta (4,18), es decir, una mujer marginada por la sociedad de su tiempo en razón de su condición de pecadora pública. Samaritana  de nacimiento (4,7), sufre una nueva discriminación en relación al pueblo judío por pertenecer a un pueblo de herejes (4,9). Por tanto, se trata de una mujer cuatro veces marginada: por su condición de mujer, por su forma de vivir, por el grupo cultural al que pertenece y por la religión que profesa (8). El acercamiento de Jesús rompiendo toda barrera posiciona a la mujer samaritana en una nueva perspectiva, en la inclusión que rompe con el orden establecido hasta ese momento, atribuyendo valor y apertura hacia la Gracia de esta mujer.

(2)  Marta: Jn. 11:27.   Aquí se destaca una declaración de fe notable. Por lo general se da mucha amplitud a las palabra de Pedro cuando declara a Jesús como el Cristo, sin embargo, aquí estamos viendo la misma afirmación y revelación en los labios de una mujer, de Marta. El diálogo planteado aquí denota la cercanía de Jesús con Marta y el disimulado que él ha tenido hacia ella, porque sus palabras terminan en toda una declaración afirmativa de lo que es Jesucristo.

(3)  María: Jn. 12:1-8. Juan presenta este relato como un acto profético de amor, en donde María derrama su perfume como adoración al Maestro. El amor como vinculación personal con Jesús es la señal de los auténticos discípulos. La unión es tan profunda que, con este gesto, María anticipa el hecho fundante de la fe de la Iglesia: la muerte y la resurrección del Hijo amado del Padre9, según las palabras de Jesús.

(4)  María Magdalena: Jn. 20:17. Ella recibe el regalo de ser testigo de la resurrección y no solo de la contemplación, sino de anunciarlo también. La figura que vemos aquí es la de una auténtica discípula que sigue a su maestro con insistencia, el expresarse ante él con la palabra “Maestro”, denota su relación de discípula. El mensaje que carga en sí misma es la palabra de Jesucristo (v. 18).

(5)  María la madre de Jesús: Jn. 19:25-27. Juan presenta a la madre de Jesús como una discípula rodeada de otras mujeres que representan parte de la comunidad de seguidores de Jesús. Esta escena especialmente denota la delicadeza y el amor de Jesús hacia la mujer, en donde a pesar de su estado agonizante, le encarga al discípulo amado, la responsabilidad de cuidarla.  En este evangelio vemos el amor concreto de Jesús hacia la mujer, el cual expresa igualdad, inclusión y dignificación.

b. La Mujer en la óptica de Lucas:

Lucas expone amplia y variadamente el acercamiento de Jesús hacia las mujeres. En este sentido, Adela Ramos dice que en este accionar, surgen tres ejes principales, según Lucas, que conciernen directamente a las mujeres: el primero tiene que ver con el deseo de Dios de hacer que las mujeres sean protagonistas directas en la historia de la salvación. El segundo eje se manifiesta a través del trato de Jesús con las mujeres. El tercer eje emana del compromiso de fe de las mujeres lucanas, quienes aun asumiendo los roles socio-religiosos propios de su cultura, aceptan los retos que implica el escuchar la palabra y el ponerla en práctica10.

Algunos ejemplos:

(1)  Elizabeth: 1: 7,25,41-45. Lucas destaca la salvación como punto de partida para su dignificación v.25. Ella,   no solo es favorecida con un milagro, sino que es llena del Espíritu Santo, lo cual la habilita para proclamar la bendición a la madre del Salvador. Dios pone fin a su esterilidad y le abre un nuevo camino hacia la inclusión y a la proclamación.

(2)  María: 1:26-38. Ella, es la elegida para ser la portadora del Cristo encarnado, del Emanuel, Dios con nosotros. Una joven, que no tiene más cartas de presentación que su humildad y obediencia.

(3)  Analaprofetisa:2:36-38.Esdescritacomounamujerfiel,consagradayproclamadorade la revelación de Dios en el advenimiento profético del nacimiento del Salvador.

(4)  Las discípulas: 8:1-3. Estas eran las mujeres que seguían y servían a Jesús con sus vienes, mujeres revolucionarias que rompieron con las normas judías por amor de Jesús.

(5)  La mujer del flujo de sangre: 8:43-48. Aquí se refleja la liberación integral y maravillosa de Jesús hacia la mujer. Esta mujer, que por la costumbre y la ley judía era portadora de muerte debido a su hemorragia, llega a los pies de Jesús encontrando sanidad, salvación y dignidad, la expresión “Hija” supera todas las expectativas de esta mujer, ya que es más que una palabra amable, es una reivindicación de su identidad y valor como persona.

La lista sigue, podemos mencionar también a la hija de Jairo, la suegra de Pedro, la viuda de Naín, Marta y María, la mujer encorvada, las mujeres presentes en la pasión de Cristo, junto al sepulcro, en la resurrección, etc.

La conclusión es que en Jesús, según lo presenta el evangelio de Lucas, hay una abierta disposición de revelación, dignificación, valoración y amor hacia la mujer y en respuesta se expresa la fe de estas mujeres en exaltación, devoción y servicio.

II. UNA PINCELADA HISTÓRICA.

Los primeros siglos de la era cristiana estuvieron marcados por los parámetros culturales del primer siglo, dejando a la mujer excluida de funciones litúrgicas o administrativas dentro de la iglesia.

En el siglo III se registra la ordenación de diaconisas que puedan atender a otras mujeres, éstas debían ser mujeres vírgenes o viudas célibes.

En los siglos posteriores se pueden observara a las mujeres siendo precursoras del movimiento monástico femenino. Durante el movimiento monástico, las mujeres pudieron gozar de una mediana libertad dentro de los monasterios, aunque solo dentro de las murallas de estos.

Durante la Reforma Protestante, con la entrada de la consigna del “sacerdocio universal de todos los creyentes”, se exalta el ideal del matrimonio y la familia, ubicando a la mujer en la posición de madre y esposa.

Durante la segunda fase de la Reforma, en las colonias americanas se manifiesta una valoración a su aporte al ministerio. Por su parte Wesley termina sus días reconociendo el ministerio de la mujer reclutándolas como educadoras, exhortadoras y predicadoras.

Durante el siglo XIX debido a que el movimiento evangélico adquirió más dinamismo, requirió también el aporte de más voluntarios que ayudaran con los ministerios de la iglesia, los cuales, muchos de ellos fueron mujeres, colaborando especialmente en la escuela dominical. Las mujeres comenzaron a involucrarse ministerialmente en las asociaciones de mujeres, de jóvenes y sobre todo en las misiones.

Una de las figuras más destacadas en ésta época es Catherine Booth, quien junto a su esposo estableció el destacado movimiento “Ejército de Salvación”, destacándose también el liderazgo prominente de su hija Evangeline.ç

El campo misionero que se abrió para las mujeres durante este tiempo permitió que ella desarrollaran un ministerio que incluía la predicación, la enseñanza, la evangelización, en obras sociales, fundar iglesias y entrenar a líderes hombres. Una autoridad que les abría el campo misionero en lugares y contextos que para la institucionalización pertenecía a otro orden, como por ejemplo las mujeres blancas en contexto de hombres de color o nativos.

En el movimiento pentecostal a principios del siglo XX, se puede observar la presencia de muchas mujeres pioneras, como Jennie Moore, Lucy Farrow, Julia Hutchins, Clara Lum, y Florence Crawford, las cuales se convirtieron en las primeras de muchas mujeres en el ministerio pentecostal que propagaron el mensaje por el mundo entero.

Las mujeres predicadoras habían florecido en los círculos de Santidad durante décadas antes de 1900, siendo Marie Woodworth-Etter la más conocida de todas.  Después de la Calle Azusa, Ida Robinson, Aimee Semple McPherson y Kathryn Kuhlman continuaron la tradición. En realidad, Crawford, McPherson, y Robinson fundaron denominaciones enteras.

Aimee Semple McPherson, fundó la Iglesia del Evangelio Cuadrangular. Florence Crawford, fundó la Iglesia de la Fe Apostócica en 1906.  Ida Rbinson, fundó la Santa Iglesia Monte Sinaí de América en 1924.

Una de las razones de que las mujeres florecieran en el movimiento pentecostal fue el uso ungido de los dones del Espíritu. Utilizando como guía al profeta Joel, las mujeres pentecostales se incluían entre los «hijos e hijas» que profetizarían y los «siervos y siervas» sobre los cuales se derramaría el Espíritu al final de los tiempos (Joel 2:28; Hechos 2:17, 18). Al mirar al pasado, comprendemos que la Calle Azusa significó un importante avance para la causa de las mujeres en el ministerio (11).  En relación a al protestantismo histórico, la tendencia es afirmar que el rol de la mujer es de complementación, pero no de gobierno.

III. ENFOQUE PRÁCTICO

La evidencia bíblica nos hace entender que el llamado de Dios al ministerio es tanto para hombres como para mujeres, sin distinción. El investimiento del Espíritu Santo a través de sus dones para la iglesia deja de manifiesto que no hay categorización o requisitos para quien pueda tenerlos. Todos los salvados componemos el cuerpo de Cristo (Ef. 1:22), y tenemos acceso a los regalos de su Gracia para servir, no hay dones para hombre y dones para mujeres, y el que los recibe ha de usarlos para edificar la iglesia.

El ministerio no puede ser un privilegio para los hombres solamente ya que la gran comisión es un mandato universal para todos los seguidores de Jesús. El llamado al ministerio es obra del Espíritu Santo y no de un hombre o de una estructura eclesiástica. Debemos entender que la institucionalización o jerarquización, surge como un elemento para ayudar y apoyar, establecer orden, se da en el contexto cultural inmediato, pero no puede ser autoritaria por sobre el deseo divino.

Muchas mujeres se siguen preparando hoy en día en seminarios e instituciones formales, otras en las aulas de la experiencia, pero sin duda lo que las mueve y motiva es el amor y la pasión por el reino de Dios, aunque esto no se vea respaldado por una credencial eclesiástica.

La mujer ha entendido que el servicio no es una opción, sino que es el estilo de vida de los que siguen a Jesús y si entendiéramos que parte de ese servicio es liderar o dirigir, la ordenación no debería implicar un problema.

El asunto más bien, debería moverse hacia la forma o estilo de liderazgo, ya que siempre se plantea desde la perspectiva de la dominación y la superioridad. La clave surge entonces desde las palabras de Jesús, “el que quiere ser el primero, tendrá que ser el último”, un liderazgo que se ejerce desde el servicio, anula las competencias, el egoísmo y el afán de triunfo individual.

CONCLUSIONES:

  • Génesis 1:27, establece la imagen de Dios presentes en el hombre y la mujer.
  • Génesis 2:21-23, provee el especial trato y estima del hombre hacia la mujer posicionándola al lado de él, junto a él, como ayuda idónea, no subyugada, sino como compañera, como su igual.
  • El Antiguo Testamento, a pesar de estar enmarcado en una cultura patriarcal exhibe no pocos casos de mujeres usadas por Dios, como por ejemplo: Débora, María, Ester, Rahab, Hulda, etc.
  • Las mujeres no son invisibles en el antiguo pacto, ellas son las portadoras de la promesa redentora desde el principio en Génesis 3:15, son usadas para liderar, profetizar, planear, proclamar y testificar. Son instrumentos de Dios, que desde la penumbra nos hacen ver que Dios las incluye en la historia de la salvación.
  • En el Nuevo Testamento, la llegada de Jesús establece un nuevo orden en relación con la mujer, a la cual perdona, sana, limpia y redime. Todo este nuevo mover lo visualizamos en el rompimiento de las tradiciones culturales y en actos tan cotidianos, como acercarse a ellas, conversar a solas, visitarlas en sus casas, hacer discípulas, etc.
  • En 1Corintios 12, se afirma que el Espíritu Santo no discrimina para empoderar, escoger y usar, porque él es quien reparte libre y soberanamente.
  • En 1Pedro 2:9-10, afirma que somos pertenencia de Dios, pero también lo que representamos, el sacerdocio de Cristo, eso nos incluye a todos, esto confirma el ministerio de servicio de cada uno, hombres y mujeres en oficio sacerdotal, ministros y ministras del Rey.
  • Gálatas 3:28, desmorona todo orden jerárquico y elimina toda clase de discriminación, promoviendo la base para la igualdad ante el Señor, igualdad basada en la ley del amor de Cristo y en la valoración de unos a otros.

No se puede hacer una lectura de las cartas pastorales, sin tener en cuenta el mensaje redentor de Jesús, que dignifica, incluye y une.

Por último, hombre y mujer desde el reconocimiento de su singularidad han de trabajar unidos y desde la complementariedad han de reflejar la imagen de Dios en todas las esferas de la vida, esto incluye el matrimonio, la familia, y la iglesia. Ambos componen la perfecta unidad que Dios requiere para cumplir sus propósitos redentores en el mundo.

El valor de la mujer fue, ha sido y será relevante en la conformación de la iglesia hacia la plenitud de Cristo. Su influencia y legado es innegable, termino con la frase de Mahatma Ghandi “quien educa a un hombre educa a un individuo, pero quien educa a una mujer, educa a un pueblo”.

por Pastora Claudia Yañez, Mter en Teología

Anotaciones

1 Margarita Muñiz; La Interpretación Bíblica y el Papel de la Mujer; Artículo aparecido en 1997 en la revista ALETHEIA no 12

2 French Arrington; Divine Order in the Church; Ed. Pathway; Cleveland; 1998; p.105

3  Ibid, p.107

4  R. Porter; Estudios Bíblicos Ela; México; 2005

5 Orth Stanford; Estudios Bíblicos Ela; Una Iglesia Ejemplar (1ra Timoteo). Puebla, Pue., Mexico: Ediciones Las Américas, A. C., 1996.

6 Margarita Muñiz; La Interpretación Bíblica y el Papel de la Mujer; Artículo aparecido en 1997 en la revista ALETHEIA no 12

7 Ibid.

8 ESTÉVEZ, Elisa , “La mujer en la tradición del discípulo amado”: 17 (1994:1) 87-98

9 Ibid, p.87-98

10 Ramos, Adela, “Las mujeres en el Evangelio de Lucas”: 44 (2003:1) 71-86

11 Susan C. Hyatt, «Spirit-Filled Women», en la obra de Vinson Synan Century of the Holy Spirit , pp. 233-264.

Bibliografía:

Margarita Muñiz; La Interpretación Bíblica y el Papel de la Mujer; Artículo aparecido en 1997 en la revista ALETHEIA no 12
French Arrington; Divine Order in the Church; Ed. Pathway; Cleveland; 1998.
R. Porter; Estudios Bíblicos Ela; México; 2005

Orth Stanford; Estudios Bíblicos Ela; Una Iglesia Ejemplar (1ra Timoteo). Puebla, Pue., Mexico: Ediciones Las Américas, A. C., 1996.
ESTÉVEZ, Elisa , “La mujer en la tradición del discípulo amado”: 17 (1994:1)
Ramos, Adela, “Las mujeres en el Evangelio de Lucas”: 44 (2003:1)

Susan C. Hyatt, «Spirit-Filled Women», en la obra de Vinson Synan Century of the Holy Spirit.

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